viernes, 3 de febrero de 2012

Temo

ese policía con la mano en la pistola y el dedo en el gatillo
me recuerda que no vivo en los cuentos que construyo en mi cabeza,
(eso que mi terapeuta da por llamar negación)
y que habito en guatebalas
tierra de las tolvas y del (extinto) quetzal.

Temo caminar las calles y tomar atajos
Temo aquel adolescente con la mirada perdida
Temo la moto a la par de mi ventana.
Temo las escopetas que me miran con su ojo lleno de fuego
en manos de apenas niños que apenas leen.

Las cuadras que aplané con paso adolescente están presas.
Las rutas en bicicleta son ahora laberintos con vértices de miedo.
Sucede que ahora soy extraña.
Que soy enemiga de las garitas hasta que alguien diga lo contrario.
Que soy rata en una jaula recorriendo el camino que no me bloquean esas rejas de paranoias selectivas.

Hay que irse acostumbrando a ejercitar la mirada periférica,
no sea que esos tipos o ese auto paren a confirmar las sospechas.
Hay que mantener buena condición física,
en cualquier momento se tiene que saber correr o hacer pecho tierra cuando la balacera lo amerite.
Hay que recordar que las esquinas no son panteones sino calles
aunque sus nombres sean lápidas contra el olvido.

Hay que aprender a habitar esta ciudad con dolor.

Porque en más de cinco esquinas reconozco haber muerto
o haber enterrado parte mi alma en ataúdes con huesos jóvenes.

Temo porque temo
que el miedo maneja mi vida en automático
que me siento enferma de paranoia
que me escondo donde no me encuentre la ciudad encarcelada
donde no me alcancen los misiles perdidos de una guerra que quién sabe cuándo empezó y nunca termina.

Me cansaré algún día del hoyo negro en la boca mi estómago
y vomitaré antimateria
llenaré las paredes con grafitis pintados con mi adentro.
Algún día escupiré poesía en cada rincón que precise ser exorcizado
para exorcizarme de esta ciudad zombie que se niega a reconocerme.
Habitaré nuevamente esta ciudad cuando me sienta otra vez viva.
Cuando me niegue a sobrevivir caminando con pasos silenciosos y anónimos.

Temo,
porque veo opaco color de pesadilla
y estoy segura que no estoy soñando.

5 comentarios:

S0y la Que No Buscas dijo...

Esa sensación la también la compartimos muchos, por no decir todos los salvadoreños..
En definitiva Centroamérica está muy mal... :/


saludos!

Olga dijo...

Excelente, describís perfectamente lo que sentimos cada día y desgraciadamente veo en tus letras justo el pavor que siente mi hija (9) cada vez que salimos a la calle.

Patricia Cortez dijo...

me alegra que estés de regreso por un rato

Pagina Principal dijo...

No sé si felicitarte por tu extraordinaria forma de escribir o tratar de consolarte por la cruda realidad que tus líneas describen.
Sigue adelante!

Abril dijo...

Muy descriptivo, buenisimo.