... de repente Fito entró detrás del escenario dejándonos con su piano iluminado. Nunca había un público tan eufórico pidiéndole al artista que regresara..... Y regresó con una camisa roja y un poco más iluminado el rostro. Nos pidió silencio. Nos callamos por supuesto. Y empieza a cantar en calladito, con una voz impresionante ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón.....
Fue en ese momento que lloré como por quinta vez desde que empezó el concierto.
Escuchar ese piano y esa voz, y sentir la energía de un loco por el mundo, me hizo sentirme viva. Impresionantemente se me había olvidado lo lindo que es escuchar y sentir.
Además me parece increíble su locura. Su forma de contar historias. De alguna forma me sentí menos sola con mi locura, y la locura colectiva del público. Fue muy gracioso también ver esa hermosa sala que usualmente está vestida de gala, vestida con botas o chapulines, bufandas de colores, vestidos sobre pantalones, trapos sobre trapos....
Fito dirigió ese día los coros de sus canciones, nos dirigió a nosotros, un coro de voces tristes.
Nunca el sonido fue tan impresionante y armónico en mis oidos....
gracias al pato por patrocinarme la alegría.....

